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Pobre Irene, además de tener que soportar a un jefe tan mal parido, tiene que lidiar con el hecho de que la acose sexualmente cada día de trabajo. Gustavo jamás se cansó de las negativas de Irene y por eso tuvo su premio. Aquel día Irene estaba accesible y algo cachonda, su novio no la había atendido como correspondía y su enfermo jefe le prometía hacerla gozar como nunca antes. Si no fue así estuvo cerca, Irene jamás había disfrutado tanto el sexo anal y finalmente permitió que su jefe le hiciera todo aquello que le había prometido, y algo más...... |
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